3 Días Para Matar – Crítica

   3_dias_para_matar_poster_spainLuc Besson últimamente se repite como el ajo en sus guiones / producciones… pero nadie  le puede negar que le funciona la fórmula actioners internacionales de presupuestos medio: “Venganza” (saga de Liam Neeson), “Transporter” (saga de Jason Statham), “Desde París con amor (Travolta)”…; que financia a través de su productora Europacorp.

   En esta ocasión ha dejado la dirección a McG (“Los Ángeles de Charlie”, “Terminator Salvation”) y como estrella se ha decantado por un Kevin Costner que no acaba de relanzar su carrera y al que no le recuerdo un papel decente desde “Open Range” (2003), a pesar de que en “Jack Ryan” está pasable.

   Costner interpreta a Ethan Runner, agente de la CIA al que le detectan una enfermedad terminal y al que retiran del servicio tras una última misión fallida en la que se le escapa El Lobo, un peligroso terrorista al que nadie ha conseguido ver nunca. Dada su situación decide volver a París, donde vive su esposa (Connie Nielsen), de la cual se ha distanciado por dar más importancia a su trabajo; y su hija adolescente (Hailee Steinfeld), resentida por sentirse abandonada por su padre. Pero cuando parece que podrá vivir sus últimos días junto a su familia, le proponen una última misión: matar a El Lobo, ya que es el único que puede reconocerlo, y a cambio le darán una medicina experimental que le podrá permitir vivir más tiempo con su familia. A partir de aquí empieza una disyuntiva: acabar la última misión o intentar recuperar a su familia.

   Y es también a partir de aquí que nos damos cuenta de que no sabemos lo que estamos viendo: un thriller de acción, un drama familiar, una comedia… Se acaban mezclando tantos géneros que realmente no sabemos muy bien por donde van los tiros y se abren tantas subtramas que lo único que hacen es alargar el metraje de forma innecesaria, pudiendo resultar tedioso para algunos espectadores, ya que se rompe el ritmo de la película y se corre el riesgo de que más de uno se quede descolgado. Y el peor problema de las subtramas, es que McG no las sabe resolver satisfactoriamente y no es capaz de hilvanarlas de tal forma que al final todo acabe encajando dentro de un engranaje, a priori, oxidado. 

   Por suerte, Costner lleva bastante bien el peso de la película y consigue que incluso nos resulte entretenida, simpática y nos arranque más de una sonrisa. Me quedo con el momento Costner paseando por París en bicicleta, que no tiene nada de divertido, pero me parece una muy buena escena.

   Como contra, además del metraje excesivamente largo, destacar la poca química existente entre Costner y Steinfeld, es decir, entre padre e hija. Ella ya me pareció incluso incómoda de ver en “Ender’s Game” y aquí mantiene una inexpresividad digna de un tótem. 

   Concluyendo… “Tres Días para Matar” no es la película del año, como la gran mayoría de las que vemos, pero a pesar de todos sus defectos se puede ver y entretiene. En el fondo, muchas veces, es lo que cuenta.

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